29 marzo 2011

Siempre en mi memoria...

Era bien sabida su pasión por las tormentas y los días de lluvia.

La previsión del tiempo había anunciado mal tiempo para la siguiente semana, así que sin pensarlo buscó destino para pasar dos o tres días.

Pidió fiesta en el trabajo, aún le debían días de vacaciones y sabía que su jefe no le diría que no. De todos modos el lunes comprobaría su agenda y si todo estaba bien, se marcharía.

Llegó el martes un poco atropellado, pero consiguió hacer todo lo que tenía que hacer y a las siete cogió su maleta se despidió y salió en dirección, no sabía hacia dónde.

¿Destino?...poco importaba.

Necesitaba escuchar el silencio absoluto en sus oídos, ese silencio tan ensordecedor, que hay a quién le puede llegar a molestar, a ella, la reconfortaba. Necesitaba encontrarse consigo misma y averiguar que sentía.

Un pueblo de 190 habitantes, pensó que era un buen lugar donde esconderse del mundo y tal vez de ella misma.

Aquella noche, al acostarse en aquella inmensa cama del hotel que había encontrado, agudizó su oído y pudo escuchar una voz. Una voz que a primer instante pensó que era el mismo silencio que le hablaba, pero no, no era el silencio, sin darse cuenta, eran sus propios sollozos los que habían roto lo que sus oídos pensaron que era una voz.

¿De qué o de quién huía?
Tal vez de ¿sí misma? ¿De su vida? ¿De sentimientos que no podía compartir?

Terminó por ahogar su llanto entre las almohadas de su cama, por miedo a que la escucharan y así se durmió.

Todo había terminado, sentía desde hacía días un nudo en la garganta, un peso en el estómago, un vacío en la cabeza y no comprendía nada. Ya no le eran suficiente los amigos, ni los juegos ni le bastaba una sonrisa, tan sólo pensaba cual había sido el motivo, buscaba una razón entre la gente, pero no encontraba la razón ni el motivo de porque tenía que terminar todo así, y quería cambiar de nombre, de cara, de casa, de aire, de vida y quería cambiar el mundo, pero sabía perfectamente, que no le serviría de nada, porque estaba él, en su cuerpo, porque seguía estando en su mente, porque seguía estando en su vida y no podía borrarlo todo como si no hubiera existido.

Se decía a sí misma, que debía razonar un poco y pensar que mañana él ya no sería el mismo y ella tampoco sería la misma mujer, quizás lo olvidaría, quizás aprendería a vivir con ello.

Pocos sabían lo que había vivido en su infancia y si fue capaz de superar aquello, ¿qué no podría afrontar?
No era de hielo, quienes la conocían bien, lo sabían. Sabían que su motor era sentir, que vivía las emociones al máximo, tal vez de ahí nacía su fragilidad, disfrazada de una apariencia dura y curtida, prefería fingir antes que los demás supieran que se iba rompiendo poco a poco por dentro.

Hay quien anda por la vida pensando que vive, sin ni siquiera saber que existe a su alrededor, ella no, ella no era así. Aún conseguía emocionarse con un libro, una música que la hiciera soñar y era capaz de transmitirte ese sentimiento, hasta que se te adhería a la piel y al mirarla, veías brillar sus ojos, victoriosa de haber compartido ese sentimiento contigo, una frase dicha al azar, aún podían hacerla estremecer y ruborizarse como una chiquilla.

Recuerdo verla apoyada en el marco de la ventana al atardecer, cuando los últimos rayos de sol rozaban su rostro como la más dulce de las caricias, y ahí, justo ahí, veías dibujar en sus labios, el esbozo de una sonrisa… Siempre nos preguntábamos… ¿en qué estará pensando?

Hoy soy yo, quién apoyada en el marco de la ventana, de una habitación cualquiera, de un hotel cualquiera, en un lugar cualquiera, el sol roza mi rostro y siento esa dulce y cálida caricia, pero no me preguntes en qué estoy pensando, por qué no sabría que decirte…
Y cierro mis ojos e intento volver a algún lugar recóndito de mi memoria, donde en sus estantes guardo recuerdos, vivencias, emociones que harán seguir moviendo mi motor, igual que a ella.

Raquel perdió la vida en un accidente de tráfico, de regreso a casa el 3 de diciembre del 2003, tenía 25 años.

Gracias por todo lo compartido allí donde estés.

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